Pages

Mostrando las entradas con la etiqueta estructuralismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta estructuralismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de enero de 2011

Núcleos temáticos de las escuelas estruturalistas según Apresian (1985)




Las escuelas estructuralistas clásicas a las que se refiere Apresian (1985) en su libro son tres: la escuela de Praga, la escuela de Copenhague y la escuela norteamericana. Estas escuelas comparten varios núcleos temáticos heredados de las teorías lingüísticas de Saussure (1916), sin embargo, de acuerdo a lo planteado por Apresioan (1985), la diferencia entre dichas escuelas radica en los temas a los que dan importancia o priorizan, es decir, las diferencias se encontrarían en relación al énfasis dada a dicho temas nuecleares.


Según Apresian (1985), los núcleos temáticos compartidos se refieren principalmente a las dicotomías propuestas por Saussure (1916) y a las exigencias metodológicas e interés por las relaciones, oposiciones y funciones de los elementos del sistema.


En la primera parte de su artículo el autor sostiene que las siguientes son las similitudes entre dichas escuelas: 

- Mantienen la separación entre sincronía y diacronía y se concentran en el estudio sincrónico del lenguaje. 



Al respecto la escuela de Praga es la que más se distancia, priorizando la vinculación de ambas perspectivas. Para esta escuela no corresponde esta distinción tan tajante principalmente debido a que esto no permite dimensionar realmente cómo se dan los cambios lingüísticos. Jakobson en un momento posterior llegará a plantear que se debe incluir en el estudio de la lengua la idea de “evolución” y no concebir a la lengua como algo estático sino algo dinámico. 

- Comparten la separación de lengua y habla (langue y parole) 

Aquí nuevamente surgen discrepancias especialmente desde la escuela de Praga. Ellos no consideran totalmente válida la “autonomía de la lengua” como las demás escuelas. Para ellos (escuela de Praga) es fundamental acentuar que la lengua se actualiza en el habla concreta, de otro modo ésta no serviría como medio de comunicación. Lo que determinará la estructura del sistema lingüístico será el uso del mismo con una finalidad. 

- Separación entre las unidades de lengua y habla. 

Aquí concuerdan las escuelas en separar unidades que corresponden a la lengua (fonemas) y unidades que corresponden al habla (sonidos). 

- Interés por las relaciones, oposiciones y funciones de los elementos del sistema. 

Aquí nuevamente la mayor discrepancia surge desde la escuela de Praga cuyos integrantes proponen centrarse también en el estudio de la sustancia. 


- Exigencias metodológicas comunes, las cuales son la base para la construcción de su descripción lingüística.  

Todas las escuelas poseían una metodología rigurosa para el desarrollo de sus investigaciones. Aquí podemos notar una discrepancia respecto de Hjemslev cuya metodología era más de corte deductivo que el resto de las escuelas de las cuales se puede decir que usaron metodologías inductivas. 



Cabe destacar que todas estas escuelas aportaron grandemente al desarrollo del estudio formal de la lingüística, especialmente en los ámbitos de la fonología y morfología. 

También como crítica se puede expresar que se vislumbra poca interacción entre las escuelas, lo que redunda en diversidad terminológica.

Apresian, I. (1985). Ideas y métodos de la lingüística estructural norteamericana.

Capítulo: Las escuelas clásicas de la lingüística estructural.


sábado, 8 de enero de 2011

Función en Jakobson y Martinet

En su artículo “Towards a Functional Syntax” (1961),  Martinet considera la noción de función como una relación entre elementos lo que permite “expresar la complejidad de la experiencia humana” (González, 2005). Para Martinet la función primordial del lenguaje es la “comunicación” la cual es posible a través de la doble articulación.  En este contexto la función se hace necesaria como una forma de traspasar la compleja experiencia que el hablante desea comunicar, a una forma lineal que sería el lenguaje.  
De acuerdo al artículo de Martinet (1961) todos los monemas y fonemas cumplirían funciones.  Él se centra en el estudio del monema que correspondería a “a Saussurian sign, a unit with a meaning and a phonic shape.” (Martinet, 1961).  Esto quiere decir que para Martinet el monéma corresponde al signo saussureano.  Dice del fonéma  que tiene forma pero no significado.  Además cumple su función siempre en el mismo lugar. 
Basado concepto de “autonomía sintáctica” Martinet (1961) clasifica los monemas en autónomos, funcionales y dependientes.  Posterior a esta clasificación, agrega la idea de “self sufficient utterance” para crear una cuarta categoría que serían los monemas independientes (no sólo son sintácticamente autónomos, sino que se pueden usar por sí mismos para crear un enunciado).   En toda esta clasificación la noción de función está fuertemente presente ya que la distinción básica sería en la forma en la que está expresada la función en cada monema, por ejemplo, los monemas autónomos cargan dentro de ellos con un indicador de su función, los monemas dependientes necesitan un elemento adicional que indique su función ya que ellos no la indican y los monemas funcionales “aseguran la autonomía para otros monemas a los que están adheridos, indicando su función” (Martinet, 1961).
En su artículo además, Martinet (1961) señala tres maneras de “indicar la relación de un segmento con el todo” es decir, de indicar la función que cumplen los elementos.  Estas formas son: su posición dentro del continuo, el significado y unidades similares a los equivalentes de la experiencia.   
Para Martinet las funciones se dan en el eje sintagmático, las cuales provocan cambios de significado (permiten hacer cambios en el eje paradigmático).
Jakobson en su artículo “Lingüística y poética” (Jakobson, 1971) realiza  una clasificación de seis “factores que constituyen todo hecho discursivo”.  Éstos son: destinador, mensaje, destinatario, contexto, código y contacto.  Cada uno de ellos determinaría una función del lenguaje.  La relación quedaría como sigue: Función referencial: centrada en el contexto, función emotiva: centrada en el destinador, función conativa: centrada en el destinatario, función fática: centrada en el contacto, función metalingüística: centrada en el código y función poética: centrada en el mensaje.
La noción de función, en este caso, se refiere más bien a la razón o utilidad que cumple el mensaje y determinada por un factor. Es decir, si tomamos como ejemplo la función emotiva, la cual está determinada por el destinador,  en este caso el mensaje estaría cumpliendo la función o utilidad de servir como “expresión directa de la actitud del hablante ante aquello de lo que está hablando”
Las diferencias entre Jakobson y Martinet residen básicamente en que para Martinet la función está dada desde el punto de vista sintáctico: cuál es la relación de estos monemas (signos) con el todo. Esta función es de tipo interna, intralingüística.  Para Jakobson en cambio, la función esta dada al servicio de la comunicación.  Esta sería una función de tipo externa ya que tiene que ver con la forma en que uso la lengua (todo el sistema) para cumplir un objetivo extralingüístico que es comunicar.

Nociones de lengua en Saussure (1916)

Saussure en su Curso hace una distinción clara entre lo que es la lengua y el habla. Para él la lengua no considera la realización individual del lenguaje, ya que eso sería el habla. También aclara que lengua no es lenguaje: “la lengua no es más que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial.” (Saussure, 2003:37) 

Una de las concepciones más importantes de lengua que Saussure describe en su obra se refiere a que la lengua es un sistema de valores sostenido por la convención social: “Un sistema lingüístico es una serie de diferencias de sonidos combinadas con una serie de diferencias de ideas; pero este enfrentamiento de cierto número de signos acústicos con otros tantos cortes hechos en la masa del pensamiento, engendra un sistema de valores; y es ese sistema el que constituye el vínculo efectivo entre los elementos fónicos y psíquicos en el interior de cada signo.” (Saussure, 2003:167) 

Otra concepción de lengua a la que se refiere Saussure en su obra es una institución social: “Es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla; sólo existe en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la comunidad” 
La lengua también es un sistema de signos. Es importante destacar que aquí no se refiere a un código o nomenclatura, ya que eso requeriría de relaciones a priori. En palabras de Saussure: “es un sistema de signos en el que sólo es esencial la unión del sentido y de la imagen acústica, y en el que las dos partes del signo son igualmente psíquicas.” (Saussure, 2003:41) También a la lengua le da la característica de homogénea en contraposición con el lenguaje que sería heterogéneo.

Concepto de signo de Saussure (1916)



Según Saussure (1857-1913) el signo lingüístico está constituido por un concepto (significado) y una imagen acústica (significante). Esta unión está dada arbitrariamente y por una convención social. 

Ambas “caras” de esta entidad serían psíquicas ya que con “imagen acústica” Saussure no se refiere sólo al sonido del signo pronunciado, sino que a la imagen acústica mental que se tiene de este sonido. Para ejemplificar lo anterior, Saussure emplea la palabra “árbol”. El concepto evocado por esta palabra sería su significado y el conjunto de fonemas que la componen sería su significante. Cabe hacer notar que esta definición deja fuera el “objeto real” representado por este signo y también deja fuera la secuencia de sonidos físicos que lo refiere. 

Para Saussure (2003) las dos características principales del signo lingüístico son su arbitrariedad y linealidad del significante. 

El signo es arbitrario debido a que no hay vínculo natural entre significante y significado; esta combinación se da por un acuerdo social. Saussure ejemplifica esto con el signo “hermana”; en la combinación de sonidos que constituye este signo no hay algo que lo ligue con la idea de hermana. Así mismo, los demás signos de la lengua serían arbitrarios e inmotivados. Ni siquiera las onomatopeyas serían motivadas ya que éstas “no solamente son poco numerosas, sino que su elección es ya en cierta medida arbitraria, porque no son más que la imitación aproximativa y ya semiconvencional de ciertos ruidos” (Saussure, 2003:106).

Pese a su arbitrariedad, el signo no puede ser cambiado por un individuo a voluntad (inmutabilidad), pero sí es susceptible de modificaciones a través del tiempo siempre y cuando éstas también se presenten como un acuerdo social (mutabilidad). En otras palabras, el signo lingüístico es mutable e inmutable a la vez. Esta aparente contradicción no es tal si se considera que aquí se está hablando de dos tipos de cambio distintos. El signo lingüístico es inmutable si se considera el cambio como algo general, súbito y motivado a voluntad. Sin embargo, si se entiende el cambio como una “alteración” sí se puede hablar de que el signo es mutable. Cabe destacar que una alteración no es un cambio general, sino que sólo un desplazamiento del valor relativo del mismo. 

La linealidad del significante se debe a que éste está compuesto por fonemas los cuales se agrupan necesariamente en secuencias lineales, es decir, uno tras de otro. Saussure sostiene que esta característica fundamental pasa muchas veces desapercibida por ser tan evidente, pero en la encadenación de los significantes se basan otros principios fundantes de la teoría lingüística Saussureana como las relaciones sintagmáticas.

Referencias:

Saussure, F. (2003). Curso de lingüística general. Buenos Aires: Losada.

Variedad intralengua de Coseriu (1962) y de Rona (1969)



En el artículo “Sistema, norma y habla” (Coseriu, 1962) parte de la dicotomía Saussureana de “langue” y “parole” para llegar a una “distinción tripartita” compuesta por sistema, norma y habla. Según el autor, esta distinción es esencial para comprender como se da el cambio lingüístico. Para este autor, las variaciones intralengua comenzarían como innovaciones o variaciones individuales las cuales comenzarían a ser re-creadas por otros hasta fijarse en el plano de la norma.

La norma para Coseriu (1962) equivale a una abstracción que se encuentra entre el habla y el sistema. Esta (norma) se puede entender como una variedad de carácter socio-cultural, por lo que en una misma lengua pueden encontrarse diversas normas. Lamentablemente, esta norma “limita la libertad expresiva” del individuo ya que es también “un sistema de realizaciones obligadas, de imposiciones sociales y culturales, y varía según la comunidad” (Coseriu 1962:98)

Es importante señalar que pese a que existan estas normas, Coseriu (1962) dejará claro que existen también otras posibilidades de elección ya qué “el sistema es sistema de posibilidades, de coordenadas que indican caminos abiertos y caminos cerrados: puede considerarse como conjunto de “imposiciones”, pero también, y quizá mejor, como conjunto de libertades, puesto que admite infinitas realizaciones y sólo exige que no se afecten las condiciones funcionales del instrumento lingüístico: más bien que “imperativa”, su índole es consultiva” (Coseriu 1962: 98)

Coseriu (1962) distingue tres tipo de variantes: diatópica (dialectos), diastrática (estrato social) y diafásica (estilos o registros). Estas variantes se combinan dependiendo del tipo de enfoque con el que se estén analizando. Por ejemplo, en los dialectos se pueden encontrar diferencias diastráticas y disfásicas, en cada nivel se pueden encontrar diferencias diatópicas y estilísticas y en cada estilo se pueden encontrar diferencias diatópicas y diastráticas. “Por su parte, los límites entre los niveles y estilos de la lengua pueden ser diversos en los distintos dialectos; y los límites entre los estilos también pueden ser diversos entre los distintos niveles.” (Monteagudo 2004:385) “Una caracterización en cada plano de la lengua (fonético, morfológico, sintáctico,…) de las variedades identificables en las distintas dimensiones señaladas, o un estudio de las relaciones mutuas entre éstas y un análisis de la posición relativa que ocupan en el sistema lingüístico permiten diseñar lo que se denomina “arquitectura” histórica de una lengua, esto es, una configuración o articulación interna del diasistema correspondiente.” (Coseriu, 1981:21-22; Berruto, 2004:91 en Monteagudo 2004:387) Monteagudo también señala algunos casos especiales referidos por Coseriu, “las diferencias diatópicas son evidentes en muchos idiomas a nivel de “lengua popular”, pero también existen a nivel de “lengua regional” en el plano regional (variedades regionales) y en las lenguas de gran difusión a nivel de “lengua común y literaria” en el plano internacional (variedades nacionales, propias de países políticamente independientes y culturalmente autónomos). Con respecto a las diferencias entre los estratos socioculturales de la comunidad lingüística, el autor advierte que se refieren a aquellas que no coinciden con las diferencias diatópicas, por ejemplo en el caso del “italiano popular” sería catalogado como una variedad diastrática del “italiano común”. También considera dentro de este hecho de variación las diferencias que caracterizan distintos grupos biológicos dentro del mismo estrato sociocultural.” (Monteagudo 2004:387)



Rona (1969) en su análisis considera la lengua como un “diasistema” el cual sería la conjunción de idiolectos que coinciden en sus rasgos por razones sintópicas. Un idiolecto para Rona es el habla individual de cada persona. La variación intralengua, por lo tanto, se encontrará en el punto en que se intersectan estos idiolectos, de acuerdo a los criterios que se estén observando.

Este diasistema incluye las variedades dialectales, sociales e históricas que constituyen esa lengua y lo representa con un cubo con tres ejes diatópico, diastrático y diacrónico Según su propio artículo, “cada idiolecto está determinado por estos tres ejes” (Rona, 1969) Rona señala que no basta con realizar análisis en uno de estos ejes, sino que deben de estudiarse los dilectos divergentes, lo que constituirá una “sociodialectología”.

En el análisis descrito Rona (1969) no considera la distinción entre sinfasía y diafasía ya que no las considera comparables con los criterios anteriormente señalados. Sí considera una variedad diatópico-sinfásico en su análisis de regionalismos cuando “cuando un término o modo existe en ambas regiones pero pertenecen a distintos estilos de lengua.” (Rona, 1969)

Otros posts referentes al tema

Aportazos de Materia:
http://resumenwn.blogspot.com/2007/04/guia-norma-linguistica-lenguaje-i.html

Blog de Marco Antonio Lovón Cueva:
http://blog.pucp.edu.pe/item/112330/la-norma-de-coseriu

Sistema, Norma, Habla
http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Lexikon%20der%20Linguistik/st/SYSTEM%20NORM%20REDE%20%20%20Sistema%20Norma%20Habla.htm}


Comparación entre el descriptivismo norteamericano y el estructuralismo de Saussure

El descriptivismo norteamericano, cuyo mayor expositor es el lingüista Leonard Bloomfield, tiene su base en la teoría lingüística de Saussure, por lo que comparten la mayoría de sus principios básicos. 

El descriptivismo norteamericano toma como objeto de estudio la lengua, con una orientación no prescriptiva sino descriptiva. Para los descriptivistas norteamericanos el estudio de corpus lingüísticos pasa a ser fundamental ya que no priorizan la historia (diacronía) de la misma, sino más bien describirla en su estado actual (sincronía). Esta idea de centrarse en el plano sincrónico de la lengua fue planteada por Saussure. 

Respecto de la dicotomía del signo (significado-significante), ésta es aceptada por el descriptivismo, pero aquí es donde surge la mayor discrepancia con el pensamiento saussureano; Bloomfield decide eliminar de su análisis todo lo que tenga que ver con las concepciones mentales y concentrarse en el análisis del habla; de la forma. Una consecuencia natural de esto es el papel importante que jugará la fonética en esta corriente lingüística. 

Saussure en cambio, le otorga mayor importancia a la lengua la cual se encuentra en el plano mental (pero según él manifiesta es a la vez concreta). Los signos son de naturaleza psíquica y el sistema se encuentra en la mente de los individuos el cual es a su vez compartido por éstos. 

Ambas corrientes se adscriben al paradigma positivista de investigación.

Otra diferencia importante se encuentra en que Saussure deja totalmente fuera de su teoría el uso del lenguaje. Al contrario de esto, debido a su impronta descriptivista, Bloomfield planteará el método distribucionalista, el cual se centrará en la descripción de la lengua partiendo del habla, con especial atención al componente fonético. Saussure se quedó en el plano teórico y no planteó una metodología acabada como Bloomfield.

A continuación se presenta un cuadro resumen de las coincidencias y disidencias vistas hasta ahora:

Bloomfield
Saussure
Su objeto de estudio (la lengua) pretende ser netamente lingüístico, separado del fenómeno.
Plantea como objeto de estudio la lengua, separada del fenómeno del lenguaje.
Anti-mentalista
Mentalista en el sentido de que tanto los signos como la lengua son de naturaleza psíquica.
Descripción desde una perspectiva sincrónica
Propone la descripción desde una perspectiva sincrónica
Acepta la dicotomía significado-significante
Propone la dicotomía significado-significante
Acepta la dicotomía lengua-habla
Propone la dicotomía lengua habla
Crea una metodología de descripción lingüística
Se queda en el plano teórico sin llegar a proponer una metodología propiamente dicha
Centra su metodología descriptiva a partir del habla, lo que lo lleva a dar mucha importancia a la variación fonética.
La diferencia en el plano del habla no es importante, es importante la lengua, el sistema.



Referencias Bibliográficas

Apresian, I. (1985). Ideas y métodos de la lingüística estructural contemporánea. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
Benveniste, E. (1971). Problemas de lingüística general. Ciudad de México: Siglo Veintiuno.

Coseriu, E. (1962). Teoría del lenguaje y lingüística general. Madrid: Editorial Gredos.

Fuchs, C. & Le Goffic, P. (1979). Introducción a la problemática de las corrientes lingüísticas contemporáneas. Buenos Aires: Hachette.
González, C. (2005). Una observación sobre el concepto de función gramatical en la obra de Martinet. Onomázein 12(2), 55-63.

González, F. (1991). La estratificación sociolingüística de una comunidad semiurbana: Toro (Zamora). Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
Jakobson, R. (1975). Ensayos de lingüística general. Barcelona: Seix Barral.

Lyon, J. (1969). Introduction to theoretical linguistics. Cambridge: Cambridge University Press.

Martinet, A. (1961). A functional view of language. Oxford: Oxford University Press.

Monteagudo, H. (2004) Do uso á norma, da norma ao uso (Variación sociolingüística e estandarización no idioma galego). En Alvarez, R. & Monteagudo H. (Eds.), Norma lingüística e variación. Unha perspectiva desde o idioma Galego. (pp. 377-436) Santiago de Compostela : Consello da Cultura Galega : Instituto da Lingua Galega.

Rona, J. (1969). ¿Qué es un americanismo? Simposio de México. Actas, informes y comunicaciones del simposio de México: 135-148.

Sanders, Carol, (Ed.) (2004) The Cambridge Companion to Saussure. Cambridge: Cambridge University Press

Saussure, F. (2003). Curso de lingüística general. Buenos Aires: Losada.